Quién Mató a Palomino Molero

Diseño de escenografía y vestuario

Diseñé un modelo basado en el guion de Quién Mató a Palomino Molero de Vargas Llosa, imaginando que la película se ambienta en Marruecos y España alrededor de 1925. El modelo incluía detalles de características geográficas, disfraces ficticios y escenografía auténtica para transportar a los espectadores al mundo de la narrativa.

El Faro es uno de los pocos elementos verticales en el paisaje.

Es un lugar olvidado de antiguas colonizaciones y, a diferencia de la base militar, es una fortaleza, pero formalmente completamente opuesta.

Mientras que la Base es el lugar donde Silva se siente menos seguro de sí mismo, el Faro es lo opuesto: su refugio.

El antro del teniente transmite tranquilidad, siendo un lugar perfecto para que los personajes se relajen y se liberen. Con tapices descoloridos, un colchón y almohadas, el ambiente adquiere una vibra marroquí, lo que revela la simpatía del Teniente por Marruecos y refuerza la barrera entre él y el poder español.

Los vidrios rotos son lo único que el teniente no arregló. Como un patrón, sirven de fondo a los personajes cuando confiesan sus pecados y simbolizan metafóricamente la dramatización de estos momentos.

Entre el humo y el aire cargado de calor, una persona que entra comienza a vislumbrar una piscina, conectada a varias más. La humedad, en contraste con la aridez, despierta los sentidos y los deseos. Especialmente si está acompañada de mujeres que bailan con trajes ceñidos, mojados y adheridos a sus cuerpos, más sensuales que si estuvieran desnudas. Los hombres, fumando narguile y bebiendo absenta, se dejan llevar por estas odaliscas a mundos mágicos de las Mil y una Noches.

En este entorno dominado por el agua y sus reflejos de luces rojas, la atmósfera del mundo onírico se intensifica gracias a las particiones de madera, con patrones geométricos muy propios de Marruecos. Estas particiones crean un juego visual dual: confunden la verdadera disposición arquitectónica del bulín, alterando constantemente y generando espacios más privados, mientras permiten que la luz pase y se proyecten sombras detrás de ellas. Es el escenario perfecto para estimular la fantasía... y para espiar a Dufò.

El altar parece un antiguo camino que ya no se recorre, pero que conserva el recuerdo de su calor en tiempos pasados. Aunque Palomino ya no habita físicamente la casa de su madre, su recuerdo perdura para siempre, un calor que, a diferencia del fuego, si calienta. El antiguo camino ahora está adornado con ánforas y recipientes de barro finamente decorados, así como hierbas secas que Asunta utiliza en sus rituales.

En el centro de varios fetiches se encuentra una pequeña foto de su hijo y dos conchas que brillan a la luz de las velas, todo ello sobre un tapiz tejido con historias.

Atmósferas desérticas, en donde el espacio y el silencio se encuentran con el sentido onírico de las ilusiones.

Escape distanciado para crear mundos que cuya existencia es imposible bajo la rigidez de la norma.

Un refugio que brinda seguridad y esperanza.

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Carmen

Laura Sofía Gómez Candamil

Roberta Longo

Milica Tamamovic